Andanzas de medianoche
Amalia CorderoTodo comenzó por dos casuchas para guardar los avíos de pesca. Otros pescadores se sumaron a esa solución para acercar sus familias. Utilizaron pedazos de madera que les traía el oleaje y con algunos troncos traídos del monte, construyeron el caserío. Las olas se arrastraban hasta las fachadas y los niños hacían una fiesta recogiendo espuma.
Aquella noche oscura, ocultó al mar. Los vientos, en rachas, agredieron con chorros de agua, arrancaron pencas de guano de sus techos y como pulpos, abrazaban todo, para tragárselo. ¡Esta tormenta está muy rara! —exclamaban sorprendidos. Ante la certeza, ordenaron salir huyendo para alejarse de la costa.
Parecía que habían olvidado la sabiduría de los ancianos: el mar, como el hombre, reclama su territorio. El amanecer llegó en calma, las olas silenciosas, ajenas a lo sucedido, regresaron lentas hasta donde estuvieron las casas. Los pobladores, abatidos por la mala noche y con sus manos vacías, ahora se aferran a cobrarle al mar con la misma moneda.
Sobre el autor
Amalia Cordero
Cuba · 1945
Escritora cubana, profesora jubilada. Cultiva el ensayo, el relato y el microrrelato.
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