El Fantástico Jardín Zoológico de São Vicente
Afonso Reis CabralEsta historia no cuesta nada de contar, pasa rápido, porque los zoológicos administrados por niños terminan pronto en desgracia. En el jardín de mis padres había un palomar, un balde que hacía las veces de lago para un pato mudo, blanco de andar por casa, y media docena de canarios, conejos enanos y conejillos de Indias. Pero eran todos míos, bestias feroces de un zoo grandioso. El pato bebía a la orilla del lago, como un ganso del Egipto en el delta del Nilo.
A los diez años, mis amigos y yo acordamos hacer un negocio. Imprimí invitaciones para la inauguración del Fantástico Jardín Zoológico de São Vicente, que tenía un águila del Word como logo, y las distribuí en los buzones del vecindario. El día en que abrimos las puertas, la entrada fue gratis. Apareció una pareja delgada con su hijo adolescente y semigótico. Los padres se asombraron de la inocencia del pato, repantigado en su balde, y el hijo reclamó por la falta de depredadores. Le dije que el conejo solía morder. No me creyó pero nos hicimos amigos.
Su cuarto loaba en pósters La Guerra de las Galaxias, en la Nintendo había juegos de cazar zombis —y en él, cuyo nombre olvidé y espero nunca recordar, había una cierta tristeza de animal enjaulado. Siempre triste y en exhibición. Aún lo visité algunas veces, pero fue dejando de aparecer, se volvió cada vez más distante, aunque vecino.
Años después, supe que una noche se hizo mucho silencio en aquella casa, porque él —¿después de un juego de Nintendo?, ¿después del primer episodio de la precuela de La Guerra de las Galaxias?— había usado algún objeto peligroso y prohibido para matarse. En el jardín de mis padres siguió habiendo un palomar y algunos bichos como codornices y gallinas paduanas, pero nunca más existió el Fantástico Jardín Zoológico de São Vicente.
Sobre el autor
Afonso Reis Cabral
Portugal · 1990
Joven narrador portugués, ganador del Premio Saramago 2019 con Pão de Açúcar.
Ver todas sus obras →