Moneda
Jorge Dávila VázquezTuvo un día muy duro, lleno de idas y venidas, de altibajos, de lágrimas, de lamentaciones y, hacia la tarde ya, también de risas.
Llegó al gran templo de piedra pulida con la idea de ponerse a los pies de su Señor, en actitud de adoración, unos minutos. Halló todo cerrado. Cierto que, dada su naturaleza angélica, podía penetrar puertas y aun muros, pero prefirió quedarse en las escaleras de mármol de la entrada. Y aunque estaba sumido en su orar profundo, hablando directamente con su Dios, le asaltó el sueño.
Cuando se despertó, era la medianoche. Dos sombras dormían allí cerca, respirando suavemente. Sintió un cuerpo extraño en su mano: estaba apretando una moneda. Pensó que, al verlo dormido, alguien debió haber supuesto que era uno de esos pobres seres que duermen en la calle y le dejó la moneda para que comprara un panecillo.
Y lo pensó con tanta intensidad, que vio con claridad cómo una pobre mendiga, de las que extendían su mano en pos de algún mínimo gesto solidario en los alrededores de la catedral, buscó entre sus harapos y encontró esa moneda que puso en su mano y que, ahora, en medio de las sombras nocturnas destellaba.
—¡Que el buen Dios te lo pague! —dijo desde el fondo de su transparente corazón de ángel y sintió cómo se estremecía el universo.
Sobre el autor
Jorge Dávila Vázquez
Ecuador · 1947
Doctor en Filología, Premio Nacional Eugenio Espejo 2016. Miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.
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